XCV. Alexander Solyenitzin. Los Gulags. 1ª Parte.
No deja de ser curioso como las atrocidades cometidas por el régimen comunista de la Unión Soviética resultan por lo general púdicamente barridas bajo la alfombra por la enorme mayoría de los medios masivos de difusión.
Sin embargo, aunque hayan sido pocos los sobrevivientes, entre ellos figura nada menos que el Premio Nobel de Literatura (1970) Alexander Solyenitzin.
También es bastante sorprendente cómo este hombre, luego de haber sido premiado, glorificado y enzalzado en Occidente por revelar la verdad sobre el régimen soviético, haya sido — y casi con la misma energía — injuriado, difamado y escarnecido cuando se dedicó a revelar la verdad sobre el régimen capitalista.
Probablemente a los seres humanos no nos gusta tener que oír la verdad. Mayor mérito les cabe, pues, a quienes, aún a pesar de ello, se atreven a proclamarla.
Los Primeros Años.
Alexander Solyenitzin nació un 11 de Diciembre de 1918 en la localidad de Kislovodsk, Rusia.
Su padre que se había dedicado a estudios filológicos no completó su carrera ya que se alistó como voluntario cuando estalló la guerra de 1914, sirvió como oficial de artillería en el frente alemán, combatió durante toda la guerra y falleció en el verano de 1918, seis meses antes de que naciera su hijo Alexander.
El niño fue criado por su madre que trabajaba de taquimecanógrafa en la localidad de Rostow, sobre el Don. Allí Solyenitzin pasó toda su infancia y su juventud, egresando del colegio secundario en 1936.
Ya de niño, sin ninguna incitación por parte de alguien, quiso ser un escritor y ya a temprana edad escribió una buena cantidad de obras primerizas.
Durante la década de los años 30 del Siglo XX trató de publicar sus escritos pero no consiguió hallar nadie dispuesto a aceptarlos.
Quiso también adquirir una educación literaria pero eso no era posible en Rostow y un traslado a Moscú resultaba igual de imposible, en parte porque la madre se hallaba sola y con la salud quebrantada, en parte porque el proyecto se hallaba más allá de sus modestos recursos económicos.
Consecuentemente, se inscribió en la Universidad de Rostow para estudiar en el Departamento de Matemáticas dónde descubrió que tenía considerable talento para las ciencias exactas.
Pero, si bien le resultó fácil dominar la materia, sintió que no deseaba dedicarle toda su vida. Con todo, ese conocimiento le resultaría muy beneficioso en al menos dos momentos dramáticos de su vida a tal punto que, gracias al mismo, conseguiría escapar de la muerte.
Más tarde, entre 1939 y 1941, paralelamente a sus estudios de física y matemáticas, estudió literatura por correspondencia en el Instituto de Historia, Filosofía y Literatura de Moscú.
En 1941, poco antes del estallido de la guerra entre Rusia y Alemania, se graduó como físico y matemático en la Universidad de Rostow. Al principio del conflicto, debido a su endeble salud, fue destinado a servir de conductor de vehículos con tracción a sangre durante el invierno de 1941/42.
Más tarde, por sus conocimientos de matemática, fue transferido a una escuela de artillería de la cual, después de un curso relámpago, egresó en Noviembre de 1942.
Inmediatamente después se le confirió el comando de una compañía de artillería y sirvió en dicho puesto hasta que fue arrestado en Febrero de 1945.
Fue arrestado porque, en la correspondencia del período 1944/45 con un amigo de su época escolar, la censura encontró algunas observaciones irrespetuosas sobre Stalin.
Como una “prueba” suplementaria a la acusación, se utilizaron borradores de historias y anotaciones que se encontraron entre sus pertenencias.
Las “pruebas”, sin embargo, no eran suficientes para un “juicio” en regla y, por consiguiente, en Julio de 1945, de acuerdo con un procedimiento entonces muy en boga, en virtud de la resolución de un comité especial de la NKVD, fue “sentenciado”, en ausencia, a ocho años de confinamiento en un campo de prisioneros.
Lo verdaderamente dramático del caso es que, por aquellos tiempos en Rusia, una sentencia así era considerada leve. Allí comenzó su largo y terrible peregrinar por lo que luego sería el título de su obra más conocida: el "Archipiélago Gulag".
La palabra "GULAG" en realidad, es un acrónimo. Viene del ruso "Glavnoye Upravleniye Ispravitelno-trudovykh Lagerey", significando "Directorio Supremo de Campos Correccionales de Trabajo" y se refiere al conjunto de campos de concentración que el servicio de seguridad política soviético (sucesivamente denominado como Cheka, OGPU, NKVD MGB/MVD y finalmente KGB) tenía diseminados en forma de "archipiélago" por todo el territorio de la URSS.
Los campos de concentración.
Solyenitzin cumplió la primera parte de su condena en “campos correccionales de trabajo” de varias clases. En 1946, como matemático, fue transferido a un grupo de investigación científica del Ministerio de Asuntos Internos y el Ministerio de Seguridad del Estado.
Pasó el período medio de su condena en esa clase de “empresas fantasma” o sharashkas de las que surgiría luego el entorno de su El Primer Círculo. En 1950 fue enviado a los recientemente establecidos “campos especiales” destinados exclusivamente a prisioneros políticos.
En uno de ellos, ubicado en el pueblo de Ekibastuz en Khazakistán, trabajó como minero, como albañil y como metalúrgico. De aquí nació su libro Un día en la vida de Iván Denisovich, pero aquí también contrajo un tumor canceroso que fue extraído más tarde, aunque no definitivamente curado.
Un mes después de haber cumplido la totalidad de la condena de ocho años, sin ningún tipo de juicio adicional, sin siquiera otra resolución del Ministerio, tan sólo en virtud de una decisión administrativa, en lugar de ser puesto en libertad, resultó exiliado de por vida a Kok-Kerek en el Sur de Kazakistán.
La medida no estaba dirigida especialmente contra su persona. Simplemente era lo acostumbrado en aquella época y en la Unión Soviética.
El exilio duró desde Marzo de 1953 (el año de la muerte de Stalin) hasta Junio de 1956. Durante el mismo, el tumor evolucionó rápidamente y, hacia fines de 1953, Solyenitzin se encontró muy cerca de la muerte.
Ya no podía comer, ni dormir, y el tumor le producía graves desórdenes orgánicos. Sin embargo, consiguió ser trasladado a Tashkent dónde, durante 1954, se sometió a un tratamiento exitoso. De esta época es su El Pabellón de Cáncer.
El escritor.
Durante los años de su exilio, enseñó matemáticas y física en una escuela primaria escribiendo prosa en secreto. Consiguió salvar lo que había escrito y llevárselo consigo hacia otros destinos en los que, de la misma forma, se dedicó oficialmente a enseñar y a escribir en secreto.
Transitó así, primero por el distrito de Vladimir – en dónde nació La Granja de Matryona – y después en Ryazan.
Durante todos los años hasta 1961 no sólo vivió convencido de que jamás vería sus obras impresas en vida sino que, además, apenas si se atrevió a mostrar a sus más íntimos algunos fragmentos, eternamente temiendo que alguien más se enterase de lo que estaba haciendo.
Pero, a la larga, el anonimato literario comenzó a desgastarlo. Lo que más le pesaba era que no podía recibir la opinión de personas con algún conocimiento en literatura.
Así, en 1961, después del 22° Congreso del Partido Comunista de la URSS y después del discurso de Tvardovsky ante el mismo, decidió salir del anonimato con Un Día en la Vida de Iván Denisovich.
La decisión era extremadamente peligrosa. No sólo podía traer consigo otro arresto sino, además, la pérdida de todos sus manuscritos.
Pero, en esa ocasión tuvo suerte, y después de una serie de prolongados esfuerzos A.T. Tvardovsky consiguió publicar esa novela un año más tarde en la prestigiosa revista Novy Mir (Nuevo Mundo).
Pero la impresión del libro fue detenida casi inmediatamente por las autoridades las que, en 1964, prohibieron tanto sus obras de teatro como a su novela El Primer Círculo la que fue secuestrada en 1965 conjuntamente con sus papeles de los últimos años.
Con todo, en 1963 había conseguido publicar Nunca cometemos errores y, al año siguiente, Por el Bien de la Causa.
Premio Nobel y exilio.
A pesar de persecuciones, prohibiciones y arrestos, sus obras consiguieron poco a poco trascender las férreamente custodiadas fronteras de Rusia.
En 1970 le fue otorgado el Premio Nobel que no pudo ir a recibir personalmente por la presión de las autoridades de su propio país.
Fue deportado a la entonces República Popular Alemana (Alemania Oriental) y en 1974, un año después que se publicara El Archipiélago Gulag, en Francia, los soviéticos le retiraron la ciudadanía.
Emigró a los Estados Unidos estableciéndose en Vermont. Los americanos lo recibieron con los brazos abiertos, esperanzados de encontrar en él a un vitriólico crítico del sistema comunista en medio de la batalla propagandística de la Guerra Fría. Se equivocaron.
Si bien Solyenitzin nunca cesó de mostrar las falencias y demostrar la inviabilidad del sistema comunista, su posición fue la de un escritor moralmente íntegro.
Mientras estuvo en su propio país, criticó y expuso las barbaridades del sistema bajo el cual vivía.
Pero quienes esperaban que siguiese criticando a su patria desde el extranjero se encontraron con la desagradable sorpresa de hallarse frente a un hombre que ahora criticaba, y sin demasiados miramientos precisamente, las falencias y los defectos del sistema capitalista.
Los americanos no sólo no consiguieron instrumentarlo para sus fines propagandísticos sino que, encima, tuvieron que soportar la sinceridad de un intelectual insobornable que jamás consintió en dejar de llamar las cosas por su verdadero nombre, sin ocultamientos y sin hipocresías.
Esa actitud le granjeó una buena cantidad de enemigos también en Occidente y explica buena parte de las críticas de las que fue objeto, la mayoría de las veces de un modo extremadamente desleal, muchas veces con burdas mentiras y casi siempre con argumentos por demás objetables.
Regreso a Rusia.
Con la llegada de Gorbachov al poder a mediados de la década de 1980 y la implementación de la glasnost, la censura que pesaba sobre el trabajo literario de Solyenitzin fue eliminada y sus obras se publicaron otra vez en Rusia. Recuperó su ciudadanía en 1990 y regresó a Rusia en el verano de 1994, tras veinte años de exilio.
Llamado a proponer alternativas al régimen soviético, rechazó el énfasis Occidental sobre la democracia y la libertad individual, pugnando, en cambio, por la formación de un régimen justo, pero con firme autoridad, que pusiese los tradicionales valores cristianos de Rusia por encima del materialismo utilitarista de Occidente.
Falleció un Domingo 3 de Agosto de 2008.
Su ataúd fue custodiado por una guardia de honor militar en un salón de la Academia de Ciencias de Rusia por el que desfiló una impresionante multitud. Entre ellos estuvo el primer ministro Vladimir Putin.
Vladimir Putin; el hombre fuerte de Rusia y ex-oficial de la KGB le rindió honores a Alexander Solyentitin, el ex-preso y uno de los pocos sobrevivientes del GULAG. Al fallecer, Solyenitzin tenía 89 años. Y la Historia tiene esas ironías. . .
- El Archipiélago Gulag (1973).
- El primer círculo (1968).
- Un día en la vida de Iván Denisovich (1962).
- El pabellón del cáncer (1968-1969).
- Nunca cometemos errores (1963).
- Por el bien de la causa (1964).
- "Agosto 1914" (1971).
- Cómo reorganizar Rusia (1990).
- El problema ruso al final del siglo XX (1992).
|
Otras Obras Recomendadas |
|
Alexander Solyenitzin |
EL GULAG.
Para la generación posterior a la Guerra Fría del Siglo XX, la vida y la obra de Alexander Solyenitzin resultará casi incomprensible si no se la pone dentro del marco de los acontecimientos históricos.
Después de la Revolución Bolchevique de 1917, año en que los comunistas rusos derrocaron al régimen monárquico de los zares hacia fines de la Primera Guerra Mundial, el líder principal de esa revolución — V.I. Lenin — anunció que cualquier "enemigo de la clase obrera", aún sin la existencia de pruebas concretas que demostrasen su culpabilidad, debía ser tratado como un criminal.
Basándose en la estructura penal preexistente, los comunistas ya a principios de su revolución comenzaron a encerrar en campos de concentración, mayormente distribuidos por Siberia, a todos los que consideraron "enemigos de clase", una denominación genérica bajo la cual se entendió especialmente a todos los adversarios políticos, disidentes, ex-aristócratas, terratenientes, comerciantes y burgueses en general.
Oficialmente, el Gulag se estableció el 25 de Abril de 1930 — casi tres años antes de la llegada al poder de Adolfo Hitler en Alemania — en virtud de la órden 130/63 de la OGPU que implementaba el decreto 22 p.248 del Sovnarkom del 7 de Abril del mismo año.
Originariamente bautizado como "ULAG" recibió su denominación definitiva de "GULAG" en Noviembre de 1930. Quien más acrecentó y expandió el sistema de campos de concentración soviéticos fue Stalin.
Bajo su régimen, el colapso de los proyectos estatales, las malas cosechas, los accidentes, las fallas de producción y los gruesos errores de planificación, fueron sistemática y rutinariamente atribuidos por la burocracia estatal a hipotéticos actos de corrupción o sabotaje.
Con ello, resultó sencillo atribuir los fracasos del régimen a supuestos criminales y saboteadores para arrestarlos en masa.
En forma simultánea, el régimen comunista impulsó un programa de intensiva industrialización en Rusia.
Esto trajo consigo una creciente necesidad de recursos naturales, materias primas y, no en última instancia, mano de obra barata.
Con ello, a la policía política directamente se le impusieron "cuotas" de arresto mediante las cuales prácticamente se la forzaba a arrestar determinada cantidad de "enemigos de clase", con lo que se extendieron lasdenuncias, y los juicios sumarísimos terminaron siendo meros trámites administrativos con sentencia establecida de antemano.
La base "legal" para estas sentencias prácticamente automáticas fue el famoso Artículo 58 del Código Penal soviético que le otorgaba al Estado un poder virtualmente ilimitado sobre cualquier persona residente en la URSS.
Hacia principios y hasta mediados de la década del 1930, el Gulag se fué endureciendo a medida en que el poder de Stalin se consolidaba y la actividad de la policía política se extendía.
Por aquella época, empecinado en industrializar a Rusia a toda costa, Stalin solía justificar los excesos diciendo: "Cuando se corta madera, vuelan astillas".
Para ser equitativos, habrá que decir que la industrialización rusa fue probablemente uno de los mayores logros de Stalin.
Pero no menos cierto es que la calidad de esa industria terminó siendo por demás discutible y, en todo caso, el costo que la población pagó por ella fue enorme.
La red de cárceles, campos de concentración y prisiones administradas por el Gulag, y diseminadas por todo el territorio de la URSS (eso que a través de Solyenitzin conocemos como el "archipiélago" Gulag por las múltiples "islas" que formaban la red), constituyó un gigantesco aparato penal que incluía a varias clases de instituciones.
Por ejemplo, bajo la dirección de Lavrenty Beria, quien estuvo al frente tanto de la NKVD como del programa nuclear soviético hasta 1953, miles de prisioneros del Gulag fueron usados para trabajar en las minas de uranio y construir las instalaciones de pruebas nucleares en Novaya Zemlya, la isla Vaygach y Semipalatinsk entre otros sitios.
De hecho, la primer prueba nuclear soviética tuvo lugar en Semipalatinsk, en 1949. Pero, además de los campos de trabajos forzados de diversas clases, la burocracia comunista rusa montó toda una variedad de prisiones.
Estaban, por ejemplo, las sharashka — una palabra rusa cuyo significado aproximado es "empresa fantasma" — que en realidad eran laboratorios secretos donde los científicos encarcelados, algunos de ellos de renombre, se dedicaron a desarrollar nuevas tecnologías y a hacer trabajos puntuales de investigación.
Solyenitzin, por su condición de físico y matemático estuvo por un tiempo en una de ellas. Otro recurso de la policía política era el de declarar "demente" al acusado, especialmente si se trataba de un adversario político de cierto prestigio.
Para esta clase de detenidos existían las psikhushka — que significa algo así como "loquero" — dónde el detenido era forzadamente sometido a tratamiento psiquiátrico.
La psikhushka se utilizó especialmente luego del desmantelamiento oficial del Gulag en 1960 para aislar y quebrar a los prisioneros políticos, como en el caso de Vladimir Bukovsky y de Pyotr Grigorenko, tan sólo para citar algunos.
Hubo campos y zonas especiales para niños — los maloletki = menores de edad — para madres con crituras — los mamki — y hasta para discapacitados (p.ej. en Spassk). Para muchos detenidos la burocracia policial tenía una categoría especial: la de "miembro de familia de traidor a la Patria".
Consecuentemente, hubo también campos de concentración destinados a las esposas de los "traidores a la Patria".
En los tres últimos casos citados, los prisioneros eran considerados "no productivos", probablemente un eufemismo por no decir directamente "inútiles", lo cual explica de alguna manera las condiciones especialmente inhumanas y la tasa extraordinariamente alta de mortandad en estas instituciones.
La geografía del "archipiélago" fue tan vasta como compleja. Al principio las ubicaciones para los campos de concentración se determinaron teniendo en cuenta sobre todo el aislamiento de los prisioneros.
En virtud de ello, se comenzó eligiendo con preferencia remotos monasterios expropiados por el Estado. La prisión de las Islas Solovetzky fue una de las primeras y más conocidas, organizada muy poco después de la Revolución Bolchevique de 1918.
Luego, cuando el énfasis de la burocracia partidaria giró hacia el reclutamiento forzoso de mano de obra barata, se construyeron nuevos campos de concentración por todo el territorio que cayó dentro de la órbita de influencia soviética.
Surgieron así nuevos campos sencillamente allí en dónde el programa económico impuesto por el Estado dictaba su necesidad, o bien en dónde se iniciaron proyectos específicamente basados en el trabajo forzado como fue, tanto como para citar dos ejemplos, el caso del Canal de Belomor o el de la línea de comunicación Baikal-Amur.
De hecho, incluso partes del famoso subterráneo de Moscú y de las instalaciones de la Universidad Estatal de Moscú fueron construidas por prisioneros. Al final, las "islas" del "archipiélago" Gulag abarcaron buena parte del amplio espacio ocupado por la industria soviética.
Con todo, la mayoría de estos campos se situó en las más remotas regiones de la Unión Soviética. De los del Noreste los más conocidos son Sevvostlag, a lo largo del río Kolyma, y Norilag cerca de Norilsk. Los del Sureste estuvieron mayormente en las estepas de Kazakistán (Luglag, Steplag, Peschanlag).
Se trataba de regiones enormes, prácticamente deshabitadas, sin mayores recursos en materia de alimentos y sin caminos ni rutas transitables (la construcción de caminos y líneas férreas fue una de las tareas llevadas a cabo por los prisioneros) pero las áreas eran, por lo general, ricas en minerales y otros recursos naturales tales como la madera.
Sin embargo, a pesar de esta concentración relativa, los campos de concentración se encontraban desparramados por toda la Unión Soviética, incluyendo las partes europeas de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.
También hubo varios campos bajo el control directo del Gulag pero ubicados fuera de la URSS propiamente dicha, en Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Mongolia.
Un detalle que quizás valga la pena mencionar es que no todos los campos estuvieron fortificados o rodeados de vallas, alambrados de púas y torres de observación, tal como se observa en las fotografías "clásicas".
La realidad es que algunos, sobre todo en Sibera, estaban demarcados solamente por postes.
La huída se hallaba prácticamente imposibilitada por miles de kilómetros de estepa vacía, un clima extraordinariamente severo y perros rastreadores asignados a cada campo.
Si bien es cierto que durante el período 1920/1930 algunas tribus nativas (no rusas) de Siberia con frecuencia ayudaron a los fugitivos, también es cierto que a veces los prisioneros escapados eran criminales comunes — ya que, obviamente, no todos los prisioneros eran presos políticos y los criminales más agresivos eran los más propensos a correr el riesgo de huir — y, en estos casos, las tribus mencionadas resultaron víctimas de esos criminales en fuga.
Con el correr del tiempo, sobre la base de estas experiencias y seducidos, además, por las recompensas ofrecidas por el gobierno soviético, los habitantes nativos de las zonas del Gulag comenzaron a colaborar con las autoridades en la captura de los prisioneros fugados.
De cualquier manera, la gran mayoría de los evadidos no conseguía su propósito de todos modos. Por ejemplo, el área ubicada a lo largo del río Indigirka fue conocida como una especie de Gulag dentro del Gulag. En esta zona, en el pueblo de Oymyakon, se llegaron a registrar en invierno temperaturas de hasta 72°C bajo cero.
A lo largo de los años, a pesar de una enorme tasa de mortandad, la población del Gulag creció exponencialmente. Durante 1931/32 se estima que había unas 200.000 personas en los campos de concentración.
Para 1935 la cifra había crecido a un millón y en 1937, después de las "Grandes Purgas" por medio de las cuales Stalin se deshizo de sus competidores más conspicuos dentro del Partido Comunista, los campos ya contenían alrededor de dos millones de personas.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939/1945) la población del Gulag disminuyó debido a dos factores principales: por un lado, cientos de miles de prisioneros fueron "liberados" para ser llevados en masa al frente de guerra y, por el otro lado, la mortandad en los campos aumentó dramáticamente, en especial durante los años 1942/1943.
Después de 1945 el número de prisioneros volvió a aumentar hasta alcanzar, a principios de la década del 1950, un volumen cercano a 2.5 millones de personas.
Si bien algunos de estos prisioneros fueron desertores y criminales comunes, una cantidad sustancial estuvo constituida por personas que habían caído prisioneras de los alemanes o sus aliados y que, habiendo sido repatriados a Rusia, ahora resultaban acusados de haber fraternizado con el enemigo.
A este número se le agregaron poco más tarde grandes contingentes de personas detenidas en los territorios ocupados por Rusia a tal punto que, durante muchos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, una minoría muy significativa de la población del Gulag estuvo constituida por alemanes, finlandeses, húngaros, polacos, rumanos y otras nacionalidades "liberadas" por el Ejército Soviético durante la guerra.
Lo macabramente irónico es que hubo varios casos de personas que habían sobrevivido en la prisión de los campos de concentración alemanes tan sólo para ser detenidas de nuevo y encerradas en los campos de concentración soviéticos.
Después de la muerte de Stalin en Marzo de 1953, el Partido Comunista Soviético continuó manteniendo la estructura del Gulag por un tiempo más. Luego, un número importante de criminales comunes fue liberado en virtud de una amnistía.
La liberación de los presos políticos comenzó en 1954 y se amplió en 1956 luego del discurso secreto de Nikita Khrushchev ante el 20° Congreso del Partido Comunista en Febrero de 1956, oportunidad en que la dirigencia soviética comenzó a distanciarse del stalinismo.
Oficialmente, el Gulag terminó el 25 de Enero de 1960 por la Resolución 20 del MVD, siendo que la propia MVD fue eliminada por la Resolución 44-16 del Presidium del Consejo Supremo de la URSS, aunque resurgiría casi inmediatamente como la KGB.
Es difícil calcular la cantidad de personas que fallecieron en los campos de concentración soviéticos. La población relativamente estable del Gulag de entre 1.5 a 2.5 millones de personas se hallaba expuesta a una altísima tasa de mortandad y los números indicados sólo pudieron mantenerse relativamente constantes con una permanente campaña de arrestos y deportaciones.
Las estimaciones más conservadoras indican que, para el período comprendido entre 1918 y 1956, la cantidad de muertos en los campos de concentración soviéticos oscila entre 15 y 30 millones de personas.
No obstante, otros cálculos hablan de por lo menos 60 millones de seres humanos que, directa o indirectamente, resultaron víctimas de la política aplicada y murieron en el "archipiélago" durante las casi cuatro décadas de su existencia.
Cualquiera que haya sido el número total de víctimas del régimen, lo documentado y comprobado es que las tasas de mortandad en el Gulag fueron altísimas, llegando en algunos campos hasta el 80% sobre todo durante el invierno siberiano y muy especialmente en aquellos campos dedicados a la minería y a la tala de árboles o a la construcción de caminos.
Los presos estaban obligados a cumplir cuotas de producción casi imposibles de alcanzar, el trato de los guardiacárceles era brutal en el mejor de los casos y refinadamente sádico por regla; a todo lo cual cabría agregar el hambre, la falta de vestimenta apropiada, la carencia de calefacción, las enfermedades infecciosas, el hacinamiento y la ausencia de la higiene más elemental.
Muy pocos sobrevivieron para contar su historia. Alexander Solyenitzin fue uno de esos pocos.
En parte, es justo por eso que su testimonio y su opinión resultan especialmente valiosos porque, de alguna manera y como decía Schopenhauer, el sufrimiento es la madre de la sabiduría.
Discurso en el Banquete a los Premios Nobel (Pronunciado por Solyenitzin en Estocolmo, el 10 de Diciembre de 1974 con motivo del banquete celebrado en honor a los PremiosNobel).
Vuestra Majestad, Vuestras Altezas Reales, Damas y Caballeros,
Muchos laureados Nobel se han presentado ante vosotros en esta sala, pero la Academia Nobel y la Fundación Nobel probablemente nunca han sufrido con otra persona tantas molestias como las que yo les he ocasionado.
Al menos en una ocasión anterior he estado aquí, si bien no físicamente. Otra vez, el honorable Karl Ragnar Gierow ya estaba en camino de encontrarse conmigo y no pudo ser.
Ahora, por fin, he llegado, pero fuera de horario y para ocupar una silla extra. Cuatro años han transcurrido desde que por vez primera se me dio la oportunidad de ocupar este lugar por tres minutos, y hoy el secretario de la Academia se ha visto obligado a pronunciar su tercer discurso dirigido al mismo escritor.
Consecuentemente, debo pedir disculpas por haber ocasionado tantas molestias y agradecerles en forma especial la ceremonia de 1970 cuando vuestro rey y todos ustedes le dieron la bienvenida a una silla vacía.
Pero estarán ustedes de acuerdo conmigo en que tampoco fue tan simple para el ganador del premio; llevando su discurso de tres minutos consigo por todas partes a lo largo de cuatro años.
Cuando me estaba preparando para venir aquí en 1970, en ocasión de subir a la primer tribuna libre de mi vida, no había lugar en mi pecho ni cantidad de papel suficiente para contener todo lo que tenía en la mente.
Para un escritor que viene de un país sin libertad, su primera tribuna y su primer discurso es un discurso sobre todas las cosas del mundo, sobre todos los sufrimientos de su país – y resulta perdonable si olvida el objetivo de la ceremonia, hace abstracción de las personas allí reunidas y llena las copas de júbilo con su amargura.
Pero desde aquél año en que me fue imposible venir aquí, he aprendido a expresar en forma abierta prácticamente todos mis pensamientos incluso en mi propio país.
De modo que, al encontrarme expatriado en Occidente, mejor aún he aprovechado esta irrestricta posibilidad de decir todo lo que deseo y dónde lo deseo, que es algo no siempre apreciado en esta parte del mundo.
Por lo tanto, no tengo necesidad de recargar en exceso esta corta alocución. Sin embargo, encuentro una especial ventaja en no haber respondido al otorgamiento del Premio Nobel sino después de cuatro años.
Por ejemplo, después de esos cuatro años me ha sido posible advertir el papel que este premio ya ha desempeñado en mi vida.
Ha impedido que me aplastaran las severas persecuciones de las cuales fui objeto. Ha ayudado a que mi voz sea escuchada allí en donde mis predecesores no fueron oídos por décadas. Me ha ayudado a expresar cosas que de otro modo hubiesen sido imposibles.
En mi caso, la Academia Sueca ha hecho una excepción, una rara excepción, otorgándome el premio siendo yo de mediana edad y siendo mi producción literaria tan sólo un niño de unos ocho años de edad.
Para la Academia existió un gran riesgo oculto al proceder de esta forma: después de todo, solamente una pequeña parte de los libros que había escrito estaban publicados.
Pero quizás, la misión más sublime de cualquier premio literario o científico reside precisamente en ayudar a despejar el camino que falta recorrer.
Y quisiera expresar mi más sentida gratitud a los miembros de la Academia Sueca por el enorme apoyo que su elección de 1970 le ha dado a mis obras como escritor.
Me aventuro a agradecerles en nombre de la vasta Rusia extraoficial a la cual le está prohibido expresarse en voz alta y que resulta perseguida tanto por escribir libros como hasta por leerlos.
La Academia, por esta decisión que ha tenido, ha debido escuchar muchos reproches implicando que el premio ha servido a intereses políticos.
Pero estos son los gritos de groseros alborotadores que ni siquiera conocen otros intereses. Todos sabemos que la obra de un artista no puede ser confinada a la mísera dimensión de la política.
Porque esa dimensión no puede contener la totalidad de nuestra vida y no debemos restringir nuestra conciencia social a sus límites.
No Vivas en la Mentira.
(12 de febrero de 1974 - Llamamiento a sus compatriotas rusos).
Hubo una época en que no nos atrevíamos ni a murmurar en voz baja. Ahora, en cambio, leemos y escribimos en forma de Samizdat y, desde luego, cada vez que nos reunimos en los fumaderos de la "oposición", nos lamentamos vivamente:
¿Que nueva jugarreta nos gastarán? ¿A donde nos arrastrarán? . Sin embargo, nuestras quejas no se limitan a esto.
Lamentamos también la vana jactancia que se manifiesta en el Cosmos mientras nuestra patria se halla sumida en la desolación y la indigencia; y la consolidación de distantes regímenes felices; y la exacerbación de las guerras civiles; y el hecho de que, insensatamente, hayan creado a Mao Ttse-tung a nuestras expensas, y luego nos inciten contra él; y si nos viéramos en la necesidad de marchar.
¿Qué sería de nosotros? Pero "ellos" juzgan a su antojo, y vuelven locos a los sanos. Son capaces de todo eso, y nosotros nos confesamos impotentes.
Algunas veces se llega al fondo el abismo; en otras, la común ruina espiritual hace presa de todos nosotros, e inmediatamente la miseria nos aqueja y nos consume, tanto a nosotros como a nuestros hijos; pero, como de costumbre, sonreímos a todo cobardemente, y de modo confuso, murmuramos:
¿Cómo vamos a impedirlo? Nos faltan fuerzas. Tan desesperadamente nos hemos deshumanizado que al frugal comedero de hoy le consagramos todos los principios de nuestro espíritu, todos los esfuerzos de nuestros antepasados, todos los recursos destinados a nuestros descendientes, con tal de no perturbar nuestra desdichada existencia.
No nos queda ya firmeza, ni orgullo, ni cordialidad. Y ni siquiera tememos que se produzca un cataclismo universal de origen atómico; que se declare una tercera guerra mundial (quizás podríamos ocultarnos en algún escondrijo).
¡Lo único que nos aterra es que los ciudadanos se enfrenten a la realidad con valentía! Con tal de no separarse del rebaño se eludirá cualquier sendero solitario, porque el día menos pensado podemos quedarnos sin pan blanco, sin calentadores de gas, sin el permiso de residencia en Moscú.
Tanto nos insistieron sobre este punto en los círculos de formación política que acabó por arraigar en nosotros el afán de vivir rodeados de comodidad y bienestar por los siglos de los siglos.
Y es que no resulta posible desprenderse del ambiente, de los convencionalismos sociales, pues la vida condiciona el pensamiento; pero, ¿Qué culpa tenemos nosotros? La solución no está en nuestras manos.
¡Y el caso es que lo podemos todo! Sólo que, para tranquilizarnos, nos engañamos a nosotros mismos. No son ellos en modo alguno los culpables, sino nosotros mismos. ¡Nosotros somos los únicos responsables!.
Se objetará: ¿Pero es que, realmente, podemos conseguir algo? Nos han amordazado, no nos escuchan, no se nos pide nuestra opinión. ¿Cómo forzarlos a que nos atiendan? .
Disuadir a la gente de esta idea es imposible. ¡Lo más natural sería elegir otro Gobierno! Lo malo es que en nuestro país no se acostumbra a celebrar nuevas elecciones.
En Occidente la gente conoce la huelga, las manifestaciones de protesta; nosotros, por el contrario, estamos tan atemorizados que tal cosa nos parece monstruosa. ¿Cómo es posible que alguien se niegue a trabajar? ¿Cómo es posible abandonar la tarea y marcharse a la calle?.
Todos los demás procedimientos que se ensayaron en los últimos siglos de la amarga Historia de Rusia, aparte ser funestos, les interesan a "ellos" más que a nosotros; y, en todo caso, son absolutamente estériles.
Ahora cuando todas las hachas han asestado su postrer golpe, cuando ha germinado todo lo que fue sembrado, se nos revela con claridad meridiana el modo en que esos presuntuosos han descarriado y corrompido a la juventud, la forma en que se ha pretendido, por medio del terror, de una sublevación cruenta y una guerra civil, forjar la justicia y la felicidad del país.
¡No, gracias, padres de la cultura! Al fin nos percatamos de que la ignominia de los métodos engendra la ignominia de los resultados. ¡No nos mezclaremos en sucios manejos!.
¿De modo que se ha cerrado el círculo? ¿Es qué, realmente, no hay salida posible? ¿No nos queda más solución sino esperar, cruzados de brazos, a que de la noche a la mañana se arregle el conflicto, por sí solo?.
Pero jamás nos libraremos de este caos si al unísono hemos de reconocerlo, ensalzarlo y reafirmarlo a diario, si no rechazamos siquiera su lacra más evidente: la mentira.
Cuando la violencia se clava en la pacífica vida de un pueblo, el semblante de la misma se inflama de vanidad, y en su estandarte luce la misma expresión por ella pregonada: "!Soy la Violencia ! ¡Aléjate, apártate, o te aplastaré!".
Mas la violencia envejece muy pronto, y pocos años después, cuando ha perdido la confianza en si misma, a fin de mantenerse firme y conservar un aspecto aceptable, busca irremediablemente el apoyo de la mentira.
Pues a la violencia sólo se la puede encubrir con la mentira, en tanto que ésta solo puede perdurar a costa de la violencia.
Y no todos los días, ni en cualquier hombro apoya la violencia su pesada zarpa. Solamente nos exige sumisión a la mentira, participación cotidiana en la mentira, máxima fidelidad a sus designios.
Y aquí es justamente dónde radica la clave de nuestra liberación, desdeñada por nosotros, pero más sencilla y asequible:
¡No debemos estar dispuestos a dispensar nuestra colaboración personal con la mentira! Aunque la mentira lo cubra todo con su ponzoña, aunque la mentira reine por doquier, nosotros no debemos claudicar. Afirmemos, en cualquier situación: “¡No dominará con mi ayuda !”.
¡Y esto constituye una brecha en el cerco imaginario de nuestra desidia! Para nosotros es lo más fácil; para la mentira, lo más demoledor. Porque basta que la gente se aparte de la mentira para que ésta deje de existir. Al igual que una epidemia, solo puede persistir sobre la base de un contingente humano.
No nos movilizamos, pues la formación que hemos recibido no nos inclina a salir a la plaza y proclamar allí la verdad, a manifestar con voz estentórea nuestro pensamiento: es una costumbre poco recomendable y, además, inútil. ¡Pero ello no obsta para que nos neguemos a decir aquello que no pensamos!.
Y fijémonos en que nuestro sistema es el más sencillo y accesible que puede suplir la cobardía hipertrofiada que padece nuestro organismo; mucho más fácil (aunque parezca exagerado afirmarlo) que la desobediencia civil propugnada por Ghandi.
Nuestra consigna es: “no patrocinemos la mentira a sabiendas, bajo ningún pretexto”. Y una vez adquirida plena conciencia de los límites de la mentira (para que resulte a todos claramente discernible) abjuremos de ella, alejándonos de su perniciosa influencia.
No recompongamos los fragmentos dispersos de esta ideología caduca, no reparemos ni un desgarrón producido por las polillas.
Y nos producirá estupefacción comprobar cuan presto la mentira queda destruida y reducida a la impotencia. No obstante, para ello, es preciso estar limpio, es decir, mostrarse limpio ante el mundo.
De manera que, por encima de nuestra indecisión, cada uno de nosotros tendrá que elegir entre permanecer conscientemente al servicio de la mentira (¡cuidado: se sobrentiende que tal error no se comete por una propensión al mismo, sino para procurar el sustento de la familia y la educación de los hijos en el espíritu de la mentira!), o admitir que ya es hora de reaccionar como una persona honrada, para granjearse la justa consideración de hijos y contemporáneos.
Quien opte por esta última posibilidad deberá en lo sucesivo: -Abstenerse totalmente de escribir, suscribir o imprimir una sola frase que contenga opiniones que distorsionen la verdad.
- No pronunciar tales frases ni en conversaciones privadas ni en disertaciones públicas; ni de motu propio ni por medio de notas; ni en calidad de agitador, ni de profesor, ni de preceptor, ni en representaciones teatrales.
- No manifestar, ni corroborar, ni comunicar, ya sea mediante la pintura, o la escultura, o la fotografía, ya técnica o musicalmente, ni un solo pensamiento falso, ni una sola manifiesta alteración de la verdad.
- No citar de viva voz, ni en la correspondencia, ni en un artículo de fondo, por complacer a alguien o para asegurarse un puesto de trabajo o alcanzar el éxito en el mismo, determinados juicios de autores, cuando no comparta plenamente las opiniones expresadas en ellos, o éstas no se ajusten a cuanto aquí se expone.
- Negarse a asistir, por fuerza, a una manifestación o mitin, sí ello contraria la libre voluntad. No aceptar en propia mano, ni divulgar, pancartas o consignas que no concuerden totalmente con la verdad.
- No levantar la mano para votar en favor de propuestas con las que no se esté sinceramente conforme; no votar, ni abierta ni subrepticiamente, a personas a las que se considere indignas o sospechosas.
- No acceder a intervenir en asambleas, donde se sospeche que van a someterse a discusión ciertas propuestas, de forma coactiva y falaz.
- Abandonar al instante toda reunión, asamblea, conferencia, espectáculo o sesión cinematográfica, en la que el orador sólo emita mentiras, disparates ideológicos o propaganda descarada.
- No suscribirse ni comprar ejemplares de revistas o periódicos en los que la información este armada falsamente o se escamoteen hechos fundamentales. No hemos enumerado, por supuesto, todos los medios posibles e indispensables de rechazar la mentira.
Pero lo que sí queda claro es que, una vez desenmascarado, el absurdo se reconocería fácilmente; y otro gallo cantaría.
Ciertamente, al principio, tal sistema no dará el resultado apetecido. Durante cierto tiempo, algunos perderán su empleo.
La vida de aquellos jóvenes que deseen practicar la verdad se complicará mucho al principio, por la razón siguiente: que también es preciso desechar de las lecciones explicadas aquellas que estén plagadas de mentiras.
Pero ni al que decide ser honesto le queda escapatoria: ni un solo día dejará ninguno de nosotros, aún tratándose de las más inocentes disciplinas técnicas, de aplicar uno solo de los puntos mencionados, tanto si se halla en la zona de la verdad como en la de la mentira, tanto en los dominios de la independencia intelectual como en los del servilismo
ideológico.
Y quien no tenga el suficiente valor para defender su propia alma, que no alardee de opiniones vanguardistas, que no se jacte de ser académico o artista popular, político honorable o general. Que reconozca, en cambio: "Soy un zopenco y un cobarde; con hartarme de comer y andar bien calentito, me conformo."
Aún cuando este sistema es el más moderado de cuantos constituyen la oposición, a nosotros mismos, que nos hemos mantenido fieles al mismo, nos resultará penoso. Sin embargo, es mucho más sencillo que el rociarse con combsutible y prenderse fuego o la huelga de hambre.
En efecto: las llamas no han de envolver tu cuerpo, ni van a saltar tus ojos fuera de las orbitas por la fuerza abrasadora del calor, y siempre hallarás lo indispensable: pan moreno y agua clara para tu familia.
Hay en Europa una gran masa de personas que nos es adicta, pese a haber sido embaucada por nosotros. ¿Acaso los checoslovacos no nos han demostrado que es posible enfrentarse incluso a los tanques, a pecho descubierto, cuando en el interior de ese pecho late un corazón justo?.
¿Será éste un camino difícil? Tal vez sí; pero también es el más sencillo posible. Es opción ardua para el cuerpo, pero la única admisible para el alma. Sí, realmente es difícil este camino.
Sin embargo, se cuentan entre nosotros decenas y decenas de personas que observan fielmente durante años todos estos puntos, viviendo con ello de cara a la verdad.
Así, pues, aunque no seamos los primeros en emprender este camino, ¡seámoslo en prestarle nuestra adhesión ! ¡Tanto más fácil y corto nos parecerá el camino , cuanto más unánime y compacta sea nuestro tránsito por el mismo!.
Si se nos unen sólo mil personas, probablemente nadie cumpliría el plan trazado ni se podría contar con nadie. ¡Pero, si se pusieran de nuestra parte varias decenas de millares de personas, pronto nuestro país resultaría irreconocible hasta para nosotros mismos!.
¡Si no nos atrevemos a protestar airadamente porque nos impiden respirar, somos nosotros mismos los que nos estamos ahogando! Y así nos iremos encorvando, y nos mantendremos a la expectativa. Y nuestros hermanos los biólogos acudirán en nuestra ayuda para pronunciar una conferencia acerca de nuestro pensamiento y la mutación de nuestros genes.
Si ante tan sencillos propósitos nos acobardamos, es que somos unos pelafustanes sin remedio, merecedores de que recaiga sobre nosotros el desprecio que Pushkin plasmó en estos versos:
¿Qué rebaño posee el don de la Libertad?.
De generación en generación no dejarán otra herencia que el yugo y las esquilas bajo el látigo.
A. SOLYENITZIN.
12 de febrero de 1974.
Fuente base: http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Solyenitzin/Solyenitzin_Semblanza.htm#C1
- Artículo: Gulags.
http://es.wikipedia.org/wiki/Gulag
- Artículo: El olvido de los gulags soviéticos y el recuerdo de los campos de concentración nazis.
http://www.rincondelmisterio.com/olvido-gulags-sovieticos-recuerdo-campos-concentracion-nazis/
- Web-libros CasaRusia: Represión y gulags en la URSS de Stalin.
http://www.casarusia.com/archives/264-Represion-y-gulags-en-la-URSS-de-Stalin.html
- Artículo: Los árabes también tienen gulags.
http://www.jornada.unam.mx/2010/05/14/index.php?section=opinion&article=033a1mun
- Artículo: Esclavos en la URSS.
http://www.esunmomento.es/contenido.php?recordID=285
- Artículo: Stalin el terror soviético.
http://www.taringa.net/posts/info/1670456/Stalin-el-terror-sovietico.html
- Artículo: Alexander Solyenitzin.
http://es.wikipedia.org/wiki/Aleksandr_Solzhenitsyn
- Video-fotos: Gulag - An Archipelago of Memory (1918-1989).
http://www.youtube.com/watch?v=GAixUsA-DXI&feature=related
- Video: A Day in the Life of Ivan Desinovich.
http://www.youtube.com/watch?v=iNXnxXP8PVw&feature=fvw
Nota: Seguimos repartiendo música, pronto acabaremos con este seminario de Comunismo, luego le tocará a otras bandas. Continuaremos en la segunda parte, como siempre sin ningun desperdicio.¡No te la pierdas!.
F.D.O.
Catt69.











